El patrono pretende de nuevo imponer el ponchador utilizando las huellas digitales del magisterio. La Federación de Maestros se ha opuesto a esta medida por varias razones:
- Constituye una violación al derecho a la intimidad y privacidad, que está protegido por la Constitución del E.L.A.
- Viola la sección 5.1 de la Ley 45 donde se establece que los cambios en términos y condiciones de trabajo del magisterio tienen que ser negociados con la unión.
- Aumenta la jornada de trabajo pues los maestros tienen que registrarse uno por uno. El ponchador está diseñado para comenzar a las 7:50 y permanece hasta las 8:00. Luego, estás tarde. El mismo problema se repite al entrar y salir al mediodía y por a tarde.
- Afecta nuestro derecho a una hora de almuerzo pues al salir hay que registrarse y también al entrar. Perderemos parte de nuestro derecho a esa hora que es un derecho adquirido consignado en la ley.
- Es un mecanismo para criminalizar y carpetear al magisterio. Dichas huellas digitales podrían utilizarse luego para cualquier cosa.
- La hoja de horas del empleado está sujeto a la aprobación o no del director o supervisor. Cualquier representante del patrono podría afectar caprichosamente el tiempo de trabajo registrado.
- El patrono discrimina nuevamente contra el magisterio. El resto del personal tiene diez minutos de gracia luego de la hora de entrada. Nosotros no.
- Al estar todo en manos del director, puede hacer los ajustes a quien quiera como siempre. Sigue prestándose para el favoritismo y a politiquería.
La Federación llevó este caso a los tribunales y el mismo todavía no está decidido. Si el caso está “subjudice” es necesario esperar a la solución legal del mismo. Debemos preguntarnos ¿Resuelve el ponchador en algo los graves problemas de la educación? Al contrario, los agrava pues los millones que se traga este invento representan cada vez menos fondos para planta física, equipo, materiales, nombramientos de maestros y otro personal. Mientras las compañías privadas que manejan todos esos embelecos se llenan los bolsillos, cada vez hay menos recursos para la escuela. Si el patrono quiere resolver los problemas, debe sentarse a negociar seriamente un buen convenio colectivo.
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